Comunicado | Ceuta: ninguna frontera puede justificar la muerte ni la deshumanización

Los hechos vividos estos días en Ceuta nos producen un dolor y una indignación inmensos, pero también nos obligan a hacer una pausa, mirar más allá de la urgencia informativa y situar una reflexión política y humanitaria de fondo. Miles de personas intentaron cruzar la frontera marítima entre Marruecos y Ceuta, muchas de ellas a nado, en condiciones extremas y poniendo en riesgo su vida. La mayoría eran jóvenes, adolescentes e incluso niños y niñas. Muchas salieron, según han relatado, porque en sus lugares de origen no encuentran futuro.

Según los datos recogidos por Caminando Fronteras a 5 de agosto, al menos 141 personas han muerto —78 en el lado de Ceuta y 63 en Fnideq/Castillejos— y decenas continúan desaparecidas. Otras informaciones estiman que la cifra de personas fallecidas podría superar las doscientas. En cualquier caso, estamos ante una tragedia humana de enormes dimensiones, con cuerpos sin identificar, familias angustiadas sin información y vidas truncadas en una frontera que nunca debería ser un lugar de muerte. 

No podemos hablar de estos hechos únicamente como una “crisis migratoria”. Lo que hemos vivido es, ante todo, una crisis humanitaria  y una nueva expresión del fracaso de las políticas migratorias europeas y españolas. 

Desde Entrepueblos nos unimos al dolor de las familias y amistades de las personas que han muerto, víctimas de un entramado de desigualdades económicas, coloniales, patriarcales y geopolíticas que atraviesan, en formas diferentes, ambas orillas. Queremos transmitir nuestra solidaridad con sus familias y comunidades. Cada persona que ha muerto intentando cruzar esta frontera tenía un nombre, una historia, y sueños por realizar. No eran una amenaza, ni una masa anónima, ni una “presión migratoria”. 

Entre quienes intentaron cruzar había personas marroquíes, subsaharianas y también personas procedentes de contextos atravesados por violencias extremas, como la guerra en Sudán y el genocidio de Gaza. Todas buscaban una vida más digna, una oportunidad, una salida ante situaciones de desigualdad, violencia, pobreza, falta de derechos o desesperanza. Todas ellas merecen ser nombradas desde su humanidad, no desde el miedo ni desde la sospecha.

Es necesaria una respuesta humanitaria inmediata y con garantías. Esto implica activar mecanismos urgentes de búsqueda e identificación de las personas desaparecidas y fallecidas, garantizar información clara a las familias, facilitar enterramientos dignos de acuerdo con sus creencias y asegurar que las administraciones actúen con transparencia, diligencia y respeto a los derechos humanos. La dignidad no acaba en la frontera. Tampoco acaba con la muerte.

Pero esta tragedia tampoco es un hecho aislado ni imprevisible. Es consecuencia de años de políticas migratorias basadas en el control, la militarización, la externalización de fronteras y la negación de vías legales y seguras. Lo hemos denunciado muchas veces junto a la Caravana Abriendo Fronteras: las fronteras europeas se han convertido en espacios de vulneración sistemática de derechos, donde la vida de las personas migrantes queda subordinada a intereses geopolíticos, acuerdos bilaterales, cálculos electorales y políticas securitarias.

La Unión Europea y el Estado español no pueden seguir delegando la gestión de las fronteras en terceros países, muchos de ellos con graves déficits democráticos y denuncias reiteradas de vulneraciones de derechos humanos. Esta externalización convierte a las personas migrantes en moneda de cambio y hace posible que la frontera sea utilizada como instrumento de presión política.

También, hay que decirlo claro, es consecuencia de un régimen político marroquí- socio preferente de España y de la Unión Europea- insensible al dolor y las aspiraciones de su pueblo. Todavía no hace un año de las protestas juveniles de la “generación Z”, cuyo detonante fue la muerte de ocho mujeres durante el parto en un hospital público de Agadir. Las protestas señalaban las severas carencias del sistema educativo y al acceso a la sanidad pública, y denunciaban la corrupción y desigualdad social. Surgieron como respuesta a un contexto de alto desempleo juvenil en menores de 25 años, que las estadísticas oficiales situaron en un 35,8%, en general, y 48% en las ciudades, que en las mujeres es prácticamente el doble que en los hombres. La preparación del país para la Copa Mundial de Fútbol de 2030 fue otro blanco de las críticas, debido a las expropiaciones y al gasto público destinado a estadios e infraestructuras consideradas no prioritarias por algunos sectores de la población.

Pero no hay solo motivos económicos en las protestas en Marruecos, los horizontes de libertad también se ven fuertemente restringidos, especialmente por leyes ultrapatriarcales contra los derechos de las mujeres y los colectivos LGTBI+, la represión de la interrupción voluntaria del embarazo o la vigencia de la ley 490 con penas de cárcel para cualquier relación extramatrimonial. Y también por las constantes condenas a la libertad de expresión de artistas juveniles y periodistas críticos.

Según la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, hoy permanecen aún en prisión entre 800 y 1.000 jóvenes, muchos menores, a la espera de juico, algunos con peticiones de hasta 15 años de cárcel.

Tampoco podemos desconocer la dimensión de los intereses políticos y geoestratégicos que convergen en esta frontera. Conocemos perfectamente la estrategia de seguridad de la administración Trump en los EE.UU., que incluye la interferencia en procesos electorales y todo tipo de movimientos, legales e ilegales, para propiciar la subida de la extrema derecha en toda Europa. Ni los intereses comunes entre el régimen marroquí, el gobierno de Trump y el gobierno genocida de Netanyahu.

Somos conscientes de que hoy en día, desde las mismas factorías algorítmicas de influencia en redes sociales que un día se llama a la población marroquí y la diáspora subsahariana a entrar masivamente en el “paraíso” europeo, al día siguiente se puede incendiar el odio y el racismo contra ellos y ellas.

Nada de esto puede quedar fuera de nuestro marco de análisis consciente, porque los pueblos de una y otra orilla nos jugamos mucho en ello.

Pero el análisis geopolítico no puede llevarnos a cosificar y deshumanizar la voluntad, la necesidad o la oportunidad de cada persona que intenta cruzar para buscar una vida mejor, como tampoco podemos ningunear e invisibilizar a quienes trabajan, luchan y arriesgan su libertad cada día por mejorar las condiciones de vida en su país. 

Por eso es fundamental cuidar las palabras. Las personas migrantes no son “armas de guerra”, ni “amenazas híbridas”, ni un “ataque”. Tampoco podemos aceptar que se hable de “invasión”. Eran personas empobrecidas, muchas de ellas muy jóvenes, tratando de alcanzar una vida digna. El verdadero ataque es un modelo de frontera que permite el chantaje entre gobiernos; son las políticas migratorias que cierran vías seguras; son el racismo institucional, el expolio, la desigualdad global, las guerras, el control coercitivo, la represión y las violencias que empujan a tantas personas a desplazarse.

Nos preocupa especialmente que, ante el dolor y la muerte, algunos sectores de la extrema derecha y la derecha extrema hayan intentado sembrar miedo, odio y confrontación, aupados por esos algoritmos y bulos de las redes sociales. Se ha hurgado en el sufrimiento humano y la muerte de personas para alimentar discursos racistas, islamófobos y autoritarios. Se ha intentado burdamente vincular esta tragedia con la regularización de personas migrantes que ya vivían, trabajaban y estaban empadronadas en el Estado español. 

Frente a estos discursos, debe quedar claro que la regularización es una medida que, aunque parcial, supone un avance en la justicia, la dignidad el reconocimiento de derechos y la cohesión social en nuestro país. Apelamos a la convivencia, a la responsabilidad colectiva y a la defensa de una sociedad diversa, plural y comprometida con los derechos humanos. Ceuta, como Andalucía y tantos otros territorios de frontera, no puede ser tratada únicamente como un punto de contención. Es, por encima de todo, un lugar donde conviven historias, culturas, lenguas, memorias, espiritualidades y vínculos entre las dos orillas.

Para Entrepueblos, esta realidad no es ajena. Desde Andalucía y desde otros territorios, llevamos años caminando junto a organizaciones, colectivos y redes de “las dos orillas”, denunciando las políticas de frontera y acompañando luchas por los derechos de las personas migrantes. Hemos cruzado muchas veces esa frontera física y simbólica, y precisamente por eso sabemos que ninguna valla, ningún muro y ningún dispositivo de control pueden borrar la humanidad de quienes intentan atravesarla.

Lo ocurrido en Ceuta nos conmueve, nos duele y nos interpela. Nos obliga a decir con claridad que no hay política migratoria legítima si produce muerte, desaparición, deshumanización o racismo. No hay gestión de fronteras aceptable si niega el derecho a la vida, a la protección, al refugio, a la infancia, a la dignidad y a la memoria de las víctimas.

Ceuta nos recuerda, una vez más, que las fronteras matan. Pero también nos recuerda que, frente a la necropolítica de las fronteras, hay redes, comunidades y movimientos que siguen defendiendo la vida, la acogida, la justicia y la convivencia. Por esto hacemos un llamamiento a apoyar las diferentes iniciativas sociales que están surgiendo de entidades y plataformas solidarias para apoyar a las personas migrantes desde la cercanía, garantizar el respeto de sus derechos y denunciar el racismo político e institucional.

Ninguna persona es ilegal
Ninguna muerte en una frontera puede ser normalizada.
Ningún derecho humano debe quedar suspendido por el lugar donde una persona nace o intenta llegar.

Para más información:

  1. COMUNICADO de la Coordinadora de Derechos Humanos de la Región Tánger-Tetuán-Alhucemas
  2. MANIFIESTO de la Caravana 2026 
  3. APDHA exige un giro radical en las políticas migratorias de España y la Unión Europea para evitar situaciones como la de Ceuta – APDHA – Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía 
  4. Caminando fronteras: Dolor en la frontera de Ceuta 
  5. Externalización y frontera Sur 
  1. Lo ocurrido en Ceuta se inserta en la geopolítica. Marruecos tiene unos objetivos en el Sáhara Occidental y en sus relaciones con España
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