Volvamos a las calles sin olvidarnos de nosotras mismas: Crónica del Congreso de Economía Feminista de Sevilla.
Por Lidia Ucher. La economía feminista en Sevilla ha encontrado en el IX Congreso de Economía Feminista un espacio de articulación política, resistencia y esperanza. Celebrado del 2 al 4 de octubre en la Universidad Pablo de Olavide, el encuentro reunió a activistas, académicas y defensoras de América Latina y Europa. Entrepueblos formó parte del comité local junto a profesorado de la Universidad de Sevilla, la cooperativa La Transicionera y Economistas sin Fronteras, en un proceso que permitió tejer vínculos concretos entre luchas locales y dinámicas globales.
El contexto no podía ser más elocuente: el avance de las ultraderechas y la solidaridad urgente con Palestina ante el genocidio en Gaza. La inauguración coincidió con una huelga estudiantil en apoyo al pueblo palestino; la clausura, con una manifestación de solidaridad. El Congreso latió entre ambas fechas como un recordatorio de que la economía feminista también es una forma de resistencia frente a la guerra y al olvido.
Economía feminista en Sevilla frente a la guerra y las ultraderechas
Entre las ponentes, la gazatí Suha Alnajjar, presidenta de la Comunidad Palestina en Sevilla, trajo la voz de un pueblo devastado y una convicción: “A lo largo de la historia, las mujeres palestinas hemos sido fuertes, valientes, poderosas, guerreras y luchadoras.”
Alnajjar relató cómo, pese a los bombardeos y los desplazamientos, las mujeres palestinas siguen sosteniendo la vida en condiciones extremas: “Mientras destruyen nuestras casas, hospitales y escuelas, nosotras seguimos criando, educando, sembrando y resistiendo. Eso también es economía feminista: sostener la vida cuando todo se derrumba.”
Su intervención marcó uno de los momentos más intensos del Congreso: la economía feminista entendida como práctica cotidiana para mantener la vida en pie incluso bajo la ocupación.
Desde América Latina, las experiencias compartidas en las mesas de debate mostraron cómo las mujeres rurales e indígenas ponen en marcha alternativas económicas y políticas frente al capitalismo patriarcal. Esas prácticas, nacidas del arraigo y del cuidado, interpelan a los espacios feministas en Europa y refuerzan la necesidad de mantener un diálogo permanente entre los “sures” del mundo.
Desde Andalucía, Ana Pinto, de Jornaleras de Huelva en Lucha, recordó que las economías feministas también se construyen entre los plásticos y el sudor del campo:
“Nosotras somos las que respiramos el veneno, las que enfermamos, las que sostenemos con nuestras manos lo que otros llaman progreso.”
Su intervención devolvió al auditorio la realidad de que las luchas por la soberanía alimentaria y la justicia climática comienzan en los territorios donde se trabaja la tierra.
Aprendizajes desde Abya Yala: economías feministas en diálogo
Uno de los ejes más potentes del IX Congreso fue el diálogo entre los feminismos del Norte y del Sur global. Las experiencias compartidas desde Abya Yala pusieron en el centro la necesidad de repensar espacios académicos, descolonizar el conocimiento y reconocer los saberes que nacen de los movimientos sociales.
Daniela Osorio Cabrera destacó los procesos asamblearios y comunitarios que sostienen los encuentros de economía feminista en América Latina. Explicó que allí, las reuniones se conciben como espacios de organización para la vida: “Nos organizamos para atender necesidades, para organizar la vida.”
Su intervención fue también un llamado a desmercantilizar los encuentros, fortalecer redes de alojamiento solidario y nutrir la economía local en cada territorio. “Necesitamos encontrarnos para reencantarnos”, resumió, recordando que el intercambio de afectos y aprendizajes es una forma de construir poder colectivo.
Melisa Planchesteiner subrayó la importancia de partir de la experiencia vivida, abrir la academia al territorio y crear alianzas que activen nuevas formas de pensamiento. Reivindicó lo artístico como herramienta política donde la palabra no llega. Los momentos compartidos de canto y danza —el cante en galego, la relatoría cantada— se convirtieron en instantes de pensamiento colectivo, donde la emoción también hizo política.
Amaia Pérez Orozco recogió los aprendizajes desde la tríada cuerpo, tiempo y territorio. Explicó que estos enfoques impulsan un desborde de la economía feminista hacia una mirada arraigada y, a la vez, internacionalista. “Somos sujetos híbridos —dijo—, no solo lo que somos sino también lo que queremos ser.”
La economista Mariana da Silva Évora lanzó una pregunta que atravesó el auditorio: ¿cómo militar en la impotencia? Una reflexión que resonó en quienes reconocen el cansancio como parte del camino, pero también la persistencia para seguir.
La sesión concluyó con el compromiso de seguir alimentando los vínculos entre el Sur y el Norte, desmontando la colonización y reconociendo los “sures” que también habitan en Europa. Las participantes acordaron continuar el proceso en los próximos encuentros, en Uruguay 2027 y León 2028.
Feminismos frente a las ultraderechas: estrategias desde el Sur y el territorio
El plenario dedicado a los feminismos frente a las ultraderechas fue uno de los momentos más intensos del Congreso. Desde América Latina hasta Andalucía, las voces reunidas trazaron un mapa de resistencias que entrelazó justicia social, cuerpo y territorio.
Suha Alnajjar situó la conversación en el corazón de la guerra. Denunció la violencia estructural que sufren las mujeres y niñas de Gaza y recordó que las mujeres sostienen la cultura y la identidad palestina pese al exilio y los bombardeos. “Seguimos educando, criando, sembrando, resistiendo. No somos víctimas pasivas. Somos guardianas de la vida.”
Desde Brasil, la agroecóloga feminista Miriam Nobre señaló que el avance de las ultraderechas está imbricado con el neoliberalismo global. Subrayó que los feminismos populares ya están construyendo otras formas de producir y reproducir la vida, y defendió sostener la radicalidad política sin ceder derechos básicos.
Flora Partenio analizó el poder comunicativo y organizativo de las extremas derechas. Defendió la combinación de tres frentes inseparables: acción comunitaria, lucha jurídica y disputa del relato público. “No basta con resistir en los márgenes: hay que disputar los sentidos comunes.”
Entre las intervenciones más directas, Pastora Filigrana desmontó la complicidad entre ultraderecha y neoliberalismo y llevó la crítica al terreno concreto de la explotación laboral, el racismo y las políticas migratorias.
Pero también habló de prácticas que sostienen comunidad, como la fiesta de bienvenida organizada en el barrio sevillano de La Macarena. “La micropolítica es agotadora, pero es la que sostiene los avances.”
Volver a nosotras mismas: sostenibilidad de la vida y horizonte feminista
En la clausura del Congreso resonó una frase que condensó el espíritu de los tres días: “No es solo volver a las calles, es volver a nosotras mismas.”
El auditorio guardó silencio antes del aplauso. En ese gesto se reconoció una certeza compartida: los feminismos no solo resisten, también sostienen la vida que hace posible seguir luchando.
Desde Entrepueblos, esta reflexión enlaza con lo defendido en las mesas: ciudades vivibles, soberanía alimentaria, economías feministas rurales y redes solidarias que atraviesan territorios y generaciones.
El cierre dejó un mensaje claro: la economía feminista es una práctica cotidiana que organiza la vida, construye comunidad y mantiene abierta la posibilidad de un futuro compartido.
Lidia Ucher es periodista ecosocial y consultora de comunicación estratégica especializada en economía feminista, soberanía alimentaria y justicia global. Colabora con Entrepueblos y diversos medios, desarrollando narrativas sobre feminismos, ecología política y derechos colectivos.