Comunicado contra el bloqueo a Cuba y las violencias del nuevo orden mundial: por la vida y el derecho internacional

Entrepueblos-Entrepobles-Entrepobos-Herriarte manifestamos nuestra solidaridad con el pueblo cubano y nuestra profunda preocupación ante los impactos del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, que suponen una agresión no solo a la soberanía de Cuba, sino a la de toda comunidad internacional. El futuro de la sociedad cubana precisa de una apertura del debate político y de transformaciones que rehagan la sostenibilidad económica, la cohesión y la equidad social, pero nada de esto vendrá de este castigo colectivo impulsado por la codicia y brutalidad de la administración Trump.

Desde Entrepueblos-Entrepobles-Entrepobos-Herriarte manifestamos nuestra profunda preocupación ante los impactos del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra el pueblo cubano. Las recientes medidas adoptadas por la administración Trump, que amenazan con sancionar a los países que continúen suministrando combustible a la isla, suponen una agresión a la soberanía no solo de Cuba, sino de toda comunidad internacional.

Nuestra posición se basa en los principios del derecho internacional y la defensa de los derechos humanos, tal como ha sido reiteradamente señalado por las Naciones Unidas. Desde hace más de tres décadas, la Asamblea General de la ONU ha aprobado de manera abrumadora, hasta en 33 ocasiones, resoluciones que condenan el embargo a Cuba (en todas con más del 90% de los votos). Sin ir más lejos, el pasado mes de octubre, 165 Estados se pronunciaron a favor de la resolución, frente a 7 en contra y 12 abstenciones, reafirmando que esta política unilateral contraviene la Carta de las Naciones Unidas y normas básicas de justicia internacional. Los únicos países que siempre han votado a favor del embargo han sido Estados Unidos e Israel.

La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha señalado también que, “como resultado de este régimen de sanciones [impuesto por Estados Unidos durante décadas], generaciones de cubanos han vivido bajo medidas unilaterales coercitivas, que han moldeado el panorama económico y social del país”. Y que “la escasez de maquinaria esencial, repuestos, electricidad, agua, combustible, alimentos y medicinas, junto con la creciente emigración de trabajadores calificados —incluido personal médico, ingenieros y profesores—, tiene graves consecuencias para el disfrute de los derechos humanos, incluidos los derechos a la vida, la alimentación, la salud y el desarrollo”. Todo ello viene a agravar las ya duras condiciones de vida del pueblo cubano por las dificultades económicas no superadas en los últimos años. No estamos, pues, ante una mera dificultad económica: estamos ahora ante un bloqueo total que vulnera derechos fundamentales y erosiona las capacidades sociales de reproducción de la vida.

Este asedio energético y económico supone un paso más en una política caracterizada por la exhibición de la brutalidad, con políticas coercitivas similares que afectan, no solamente a otros pueblos, sino también a amplios sectores del propio pueblo estadounidense. Desde el apoyo incondicional al genocidio de Palestina -y los planes para hacer negocios con la usurpación de territorios, negación de derechos y destrucción sistemática de las condiciones de vida-; a las agresiones y amenazas hacia diferentes países latinoamericanos; hasta las actuales tácticas de deportación y persecución migratoria en Estados Unidos que -como los operativos del ICE en Minnesota, marcados por asesinatos a sangre fría, redadas masivas y también por ejemplares respuestas comunitarias de solidaridad-, muestran que no se trata de casos aislados, sino de un patrón de políticas despiadadas, que instrumentalizan el sufrimiento de las personas para sostener estructuras de poder y mezquinos intereses económicos y políticos.

Que nadie se equivoque: a nadie en la administración Trump le preocupan lo más mínimo las necesidades, los derechos o los sueños de una vida justa y digna de las clases populares cubanas. Solo les interesa cobrarse otra pieza más en el tablero de sus negocios. Y eso es lo que harán sin ningún miramiento humanitario, si tienen la oportunidad.

En estos momentos queremos hacer un llamamiento a la solidaridad con el pueblo cubano, y especialmente con todas aquellas personas y colectivos que, desde la conciencia social, siguen sosteniendo la vida, la educación, la salud, los servicios, las redes comunitarias en los barrios populares y zonas rurales, a quienes siguen impulsando iniciativas cooperativas -tanto urbanas como campesinas- y a quienes siguen haciendo imposibles para alimentar al país. Hoy lo hacen frente a la escasez de combustible, los apagones prolongados, la crisis alimentaria y el deterioro de los servicios básicos. Personas que organizan redes de apoyo comunitario o que, incluso en medio de una situación nacional tan difícil, mantienen espacios de reflexión colectiva como el XVI Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios, que, con participación de colectivos de toda Latinoamérica, se celebrará del 25 al 27 de febrero en La Habana. Encuentros como este no son un gesto meramente simbólico, sino una forma concreta de seguir tejiendo horizontes de emancipación en medio de la precariedad.

Somos conscientes al mismo tiempo de que el futuro de la sociedad cubana precisa procesos propios de apertura del debate social y político; de participación popular que revitalice el tejido social desde su base; de transformaciones económicas que hagan efectiva una vida digna para todo el pueblo, enfrentando las inequidades generacionales, de clase, de género, raciales y territoriales; la inclusión del máximo de capacidades y pluralidades; de incentivar y canalizar la expresión de toda la creatividad humana que el país ha forjado durante décadas y que necesita capitalizar para sí mismo, ahora más que nunca; de avance del feminismo en todas las esferas de la vida y de políticas que garanticen la sostenibilidad ecológica de todo ello, tan importantes en el contexto mundial actual.

Pero nada de esto surgirá de este castigo colectivo: de la asfixia, las sanciones y la coerción externas. Menos aún de la petulante codicia depredadora del equipo Trump. Reafirmamos nuestra solidaridad con Cuba y con todos los pueblos que, frente a los imperialismos que pugnan por adueñarse del mundo, organizan redes comunitarias, sostienen la vida cotidiana y mantienen viva la memoria de su historia y sus luchas. Como ha expresado el Espacio Feminista Berta Cáceres de La Habana, la articulación entre cuerpos, comunidad y redes constituye una forma concreta de poder colectivo y transformación social.

Nos sumamos a la denuncia internacional frente a las políticas de asfixia y coerción, reafirmando nuestro compromiso de solidaridad, la ternura de los pueblos, que defiende la vida por encima de los intereses de las élites y los discursos autoritarios del nuevo (des)orden mundial.

Por la soberanía de los pueblos y el poder popular.

Por un futuro justo para toda la humanidad.

Paremos la ofensiva imperialista.

Volver a Entradas