Manifiesto 8M. A diez años de la siembra de Berta Cáceres: feminismos que sostienen la vida frente a la impunidad global

Manifiesto del 8 de Marzo – Entrepueblos-Entrepobles-Entrepobos-Herriarte 2026

Este 8 de marzo, desde Entrepueblos-Entrepobles-Entrepobos-Herriarte, junto a los feminismos de Abya Yala, del Sur global y de los territorios del Norte comprometidos con la justicia global, alzamos la voz para afirmar una verdad urgente: la vida está siendo sacrificada en nombre de un orden mundial patriarcal que normaliza la violencia, el expolio y la impunidad.

Este año situamos en el centro la memoria viva de Berta Cáceres, a diez años de su siembra. No solo como un recuerdo, sino también como un claro y contundente posicionamiento político. Berta es raíz y horizonte de unos feminismos que defienden la vida frente a un sistema capitalista, racista, colonial y patriarcal que convierte los cuerpos, los territorios y la naturaleza en mercancía.

El Grupo Interdisciplinario de Personas Expertas e Independientes (GIEI), instalado en Honduras para investigar el feminicidio político y territorial de Berta Cáceres, ha presentado recientemente los resultados de su investigación y develado información clave respecto a la planificación y el financiamiento del asesinato de la defensora Lenca.

Vivimos una ofensiva patriarcal global marcada por el militarismo, las guerras, los genocidios, las fronteras mortíferas y el poder creciente de las transnacionales. Un orden imperial que deshumaniza, expulsa a pueblos enteros, profundiza el machismo, el racismo y el colonialismo, y criminaliza la defensa de los derechos y la protesta mientras protege los intereses económicos y armamentísticos.

Desde Abya Yala hasta África, desde Oriente Medio hasta Asia, los conflictos ecoterritoriales y ambientales se multiplican como expresión extrema de un modelo extractivo, militarizado y profundamente patriarcal. En múltiples territorios del Sur global y también en contextos atravesados por dinámicas coloniales y neocoloniales, mujeres y disidencias sexo-genéricas que defienden la tierra, el agua y los bienes comunes, la autonomía de los cuerpos, los derechos sexuales y reproductivos, y el derecho a una vida libre de violencias machistas son perseguidas, criminalizadas y asesinadas por enfrentarse a proyectos mineros, energéticos, agroindustriales y armamentísticos que destruyen comunidades, ecosistemas y formas de vida.

Las violencias machistas no son hechos aislados ni se reducen a sus expresiones más extremas: forman parte de un entramado estructural de dominación, control y abuso de poder que atraviesa los cuerpos, los territorios y las vidas de las mujeres. En este continuo de violencias, el asesinato de Berta Cáceres constituye un feminicidio político y territorial, una forma extrema de violencia dirigida a silenciar, mediante el terror, a los pueblos organizados y, de manera particular, a las mujeres y disidencias sexuales y de género que defienden la tierra, el agua y la vida. Estas violencias no nos son ajenas: también en nuestro país se expresan a través de múltiples formas de violencias machistas, incluidos los feminicidios, que continúan produciéndose y cuyas cifras evidencian que el patriarcado mata tanto en contextos de conflicto abierto como en sociedades que se autodenominan democráticas. Pero no han logrado silenciarnos. Frente a la dictadura de la crueldad y la barbarie, los feminismos diversos, comunitarios, populares y afrodescendientes se articulan para construir una pedagogía de la vida, de la sororidad, de la memoria y de la resistencia colectiva.

Denunciamos la impunidad imperialista patriarcal que permite ocupaciones, despojos, violencias machistas y crímenes sin reparación. No hay paz sin verdad, ni justicia sin responsabilidades históricas. Reivindicamos una justicia feminista global que restituya lo expoliado y sitúe en el centro a las personas, a los pueblos y las comunidades, apostando por vidas libres de violencias.

Desde los feminismos antimilitaristas denunciamos con claridad que no hay guerras “lejanas” ni conflictos “inevitables”. Hoy asistimos al genocidio del pueblo palestino en Gaza, sostenido por la ocupación, el asedio y la impunidad internacional, donde los cuerpos de mujeres, niñas y niños son instrumentalizados deliberadamente como arma de guerra. Al mismo tiempo, el asedio permanente a Rojava, proyecto político feminista y comunitario, busca destruir una experiencia que demuestra que otros mundos son posibles, basados en la autonomía, el cuidado de la vida y la justicia social.

Los movimientos migratorios no solo son una elección individual o un fenómeno aislado. Son el resultado de un sistema global profundamente injusto que expulsa a millones de personas de sus territorios a causa de guerras, persecución política, empobrecimiento estructural, saqueo económico y crisis climática. A ello se suma la negación del derecho a la libre circulación, que convierte la movilidad humana en delito y las fronteras en mecanismos de control y muerte.

La situación de las personas migrantes en nuestro país es una expresión directa de este orden machista, imperial y racista. Las políticas migratorias europeas y estatales convierten las fronteras en espacios de muerte, se vulneran derechos, se normaliza el encierro en los CIE’S (¡Cierre de los CIES ya!) y sostiene un sistema que clasifica vidas según su origen, la racialización y la lectura colonial de los cuerpos. Las mujeres migradas se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad, atravesadas por la sobrecarga de responsabilidades familiares y de cuidados, la precariedad laboral, la violencia institucional y los múltiples ejes de opresión que entrecruzan sus realidades específicas.

Celebramos como logro colectivo el avance de la campaña de regularización de personas migradas en el Estado español, fruto de años de reivindicación y autoorganización del movimiento migrante y antirracista. La Iniciativa Legislativa Popular, impulsada por estos colectivos y respaldada por más de 700.000 firmas, ha forzado al Gobierno español a avanzar hacia una regularización largamente exigida. Este avance permitirá el reconocimiento de derechos a miles de mujeres migradas, especialmente trabajadoras del hogar y de los cuidados, históricamente sometidas a condiciones de extrema precariedad, informalidad y falta de protección laboral, y reafirma que ningún ser humano es ilegal y que los derechos deben estar garantizados para todas las personas yno pueden depender del origen ni de la situación administrativa.

Frente a este régimenracista y de fronteras, los feminismos denunciamos el racismo institucional y defendemos una política migratoria basada en los derechos humanos, la justicia social y el reconocimiento pleno de todas las personas, sin dejar a nadie atrás.

Los feminismos llevan décadas sosteniendo la vida, reivindicándola como espacio de libertad e imaginando alternativas posibles. No hay justicia climática sin justicia social, racial y de género, ni transición ecológica sin desmantelar el modelo extractivo, colonial y militarizado. Defender los ríos es defender a los pueblos. Defender la tierra es defender una vida que merezca ser vivida, sin dejar a nadie atrás.

Frente a esta ofensiva global y patriarcal, los feminismos levantamos una voz clara y colectiva: no hay justicia ambiental sin desmilitarización, ni defensa del territorio sin el desmantelamiento del complejo militar-industrial que alimenta guerras, desplazamientos forzados y crisis climáticas. La guerra es una herramienta central del patriarcado global para sostener la opresión, el saqueo y la acumulación, y por eso nuestro compromiso feminista es también antimilitarista, internacionalista y radicalmente comprometido con la vida.

A diez años de la siembra de Berta Cáceres, reafirmamos una solidaridad feminista internacionalista, antirracista y decolonial. Defendemos la cooperación feminista como una valiosa herramienta de transformación social y de justicia global y no como caridad: una cooperación y una solidaridad para sumar y tejer alianzas, no con el propósito de “salvar” sino de caminar conjuntamente.

Como dijo Berta Cáceres: ¡Despertemos¡ ¡Despertemos Humanidad ¡Ya no hay tiempo(*).

Hoy, despertar es asumir el compromiso colectivo de poner la vida de las personas, de los pueblos y del planeta en el centro.

Frente a las guerras, la vida.
Frente a la impunidad, justicia feminista global.
Frente a la deshumanización, comunidad y esperanza.

JUSTICIA PARA BERTA

* Transcripción del discurso de Berta Cáceres en la ciudad de San Francisco, California (EEUU) en el momento de recibir el premio Ambiental Goldman (2015).

* Artículo en Eldiario.es «Feminismos que sostienen la vida: a diez años de la siembra de Berta Cáceres»

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